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La otra marcha por el Brexit.

Da un poco de pena contemplar la pequeña marcha pro-Brexit que recorría los campos verdes y ondulados del condado de Yorkshire, en el norte de Inglaterra. Parece poca cosa comparada con la enorme manifestación en favor de un segundo referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la UE que llenó las calles de Londres el sábado en un mar de banderas azules y estrelladas. Pero para los partidarios del Brexit en el antiguo centro minero de Doncaster el resultado del referéndum del 2016 es inapelable: 17,4 millones a favor de salir, 16,1 millones en contra.


Aquí en tierras de minas cerradas y películas de Ken Loach, las banderas son la Union Jack, las pancartas rezan: “Leave means leave” (salir quiere decir salir) y la edad media del manifestante duplica la de los de Londres. La marcha pretende llegar a Londres el próximo 29 de marzo, antes la fecha tope para la salida en el acuerdo negociado por Theresa May, ahora un viernes cualquiera, ya que la UE acaba de alargar el plazo hasta el 12 de abril .

El apoyo al Brexit tiene que ver con la división norte-sur. “Todo el dinero está en el sur, manda Londres”

El líder espiritual del movimiento pro-Brexit , el exdiputado de la nueva derecha chovinista Nigel Farage, participó en el primer trayecto de la marcha que salió a principios de la semana pasada de Sunderland, la ciudad del nordeste que dio el primer susto a los presentadores de la BBC en la madrugada de aquel 24 de junio del 2016 con un resultado de 61% a favor del Brexit y del 39% por quedarse en la UE.

Los medios de comunicación vinieron a ver a Farage aquel día pero en la cuarta jornada de la marcha no hay ni líderes ni medios: “Es la mejor ilustración del Brexit; 60 y 70 pobres pringados, almas perdidos abandonados bajo la lluvia y el frío mientras sus líderes tienen el calor y el dinero”, sentenció el locutor de la emisora de radio LBC, James O’Brian, la voz más agresiva de la campaña anti-Brexit.

Pero los manifestantes pro- Brexit en Doncaster –donde el voto por la salida rozó el 70%– no se sienten abandonados por Farage sino por todos los demás. “Los políticos en Londres hace años que hacen caso omiso del norte y ahora tampoco nos escuchan, quieren un segundo referéndum. ¡Pero si ya votamos!”, dice Betty, jubilada que caminaba con la marcha hacia Doncaster, donde vive.

Los ‘brexiters’ no son la ultraderecha: todos los diputados son laboristas en las ciudades antes industriales del norte

“Hemos perdido las minas, las empresas proveedoras de las minas, hemos perdido la ICI (una farmacéutica), los textiles, los fabri- cantes de tractores; hemos perdido todo mientras ellos hacen la política en Londres y nos ­igno- ran”. Todos los entrevistados en Doncaster –tanto los de la marcha como los transeúntes en la calle– dicen que el apoyo mayoritario al Brexit tiene que ver con la división norte-sur. “Todo el dinero está en el sur, manda Londres”, dijo Steve Johnson, de 65 años, trabajador jubilado de una imprenta de la ciudad antes minera de Barnsley, donde 84.000 votaron por el Brexit frente a 39.000 por permanecer. “Para mí Londres y Bruselas son lo mismo”, añade.

La sensación de que el pueblo en el norte ha sido ignorado ya se ve agudizada por la creciente probabilidad de que Westminster acabe ignorando el resultado del 2016. “Yo me siento traicionado”, dijo Johnson. que no participaba en la marcha.

Paradójicamente, hay bastantes motivos para pensar que el Brexit, lejos de frenar la crisis de la industria manufacturera en el norte, agravaría el problema de la desindustrialización.

Patrick Minford, un economista partidario del Brexit, ha reconocido que la salida de la unión aduanera fortalecerá el sector de servicios británico frente al sector manufacturero. Es más, es lógico pensar que los fondos de cohesión europeos discriminaban menos contra el norte que los gobiernos en Londres. Pero Betty, que acaba de regresar después de tres meses en Tenerife, se siente discriminada. “Las carreteras aquí son diabólicas; en Tenerife son todas nuevas. ¿de dónde viene el ­dinero?”.

Aunque el millón de personas que pidieron un segundo referéndum en Londres sostienen que gran parte del voto en favor de salir ha cambiado de opinión desde el 2016, no parecía así en Doncaster. “Si no salimos de la UE, la democracia habrá muerto”, dijo Dave Smith, trabajador del ferrocarril ya jubilado de la ciudad siderúrgica de Scunthorpe, a 40 kilómetros de distancia.

En Scunthorpe, donde el empleo en las acerías ha caído de 27.000 a 4.500 en los últimos treinta años , el 66% votó a favor del Brexit. Aunque solo cien personas marchaban –por motivos de seguridad viaria, según los organizadores–, la mayoría de los coches que la adelantaron en la carretera pitaron para mostrar su apoyo.

Las dos protestas ponen de manifiesto las realidades paralelas que existen en el Reino Unido en torno al Brexit. Mientras los manifestantes en favor de un segundo referéndum en Londres consideran que Theresa May quiere forzar un Brexit duro contra la voluntad del país y del Parlamento, los anti-Brexit en Doncaster creen que la propuesta de la primera ministra no cumple con los deseos de los 17 millones de británicos que votaron en favor de salir.

“El acuerdo de Theresa May con la UE no es el Brexit bajo ningún concepto”, dijo Smith. Muchos en la marcha llevaban pancartas con el lema : “ No deal”, en referencia al panorama de una salida no pactada (“no deal”, sin acuerdo), considerada catastrófica por la mayoría de los economistas, empresarios y sindicatos.

Para quienes crean que el progresismo salió a las calles de Londres el pasado sábado y que las marchas por el Brexit son de la ultraderecha, conviene recordar que todos los diputados en estas antiguas ciudades industriales del norte son laboristas. Por eso Jeremy Corbyn insiste en la ambigüedad respecto al Brexit .

El líder laborista se ausentó de la gran manifestación en Londres mientras sus rivales en el partido sí comparecieron. “Corbyn está sentado en el muro, no sabe lo que quiere”, se lamenta Smith. Pero el agnosticismo respecto al Brexit puede ser la única forma de lograr un punto de reencuentro en medio de la división y del caos.


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